Trastes y cuerdas

Vientos de tierra de vientos - Cuerdas

Los instrumentos de cuerda llegaron de la mano de los conquistadores europeos. En tiempos anteriores sólo existían -como cordófonos- algunos tipos de arco musical y el trompe (birimbao) o arpa de boca. A partir de la vihuela traída a América por españoles y portugueses se generaron las distintas variedades de guitarrillas latinoamericanas, entre las que se destacan, por su importancia y amplia difusión, el charango y sus numerosas variantes regionales. Otros instrumentos europeos, como el arpa, el violín y la mandolina (e incluso el rabel) también dieron lugar a ricas e interesantes variaciones locales, que en la actualidad son la base armónica y melódica de la música mestiza. Más tarde serían incorporados elementos como el piano, el acordeón y los instrumentos de orquesta.

Los ritmos puramente indígenas, de raigambre prehispánica, siguen siendo interpretados únicamente con instrumentos de viento y percusión.

El charango es un instrumento que posee infinitas variedades de forma, tamaño, encordado y afinación. Su modelo más común posee 5 cuerdas dobles de tripa, nylon o metal, y un cuerpo que, tradicionalmente, se creaba a partir del caparazón de un kirkincho (armadillo) pero que en la actualidad se realiza en una sola pieza de madera (charango lauckeado). El charango estándar cuenta con una forma moderna más grande (ronroco), afinada más grave que el tono general, y una más pequeña (chillador, walaycho o maulincho), afinada una quinta por encima del estándar y una octava más aguda que el ronroco.

Variedades del charango común son el ayquileño, el khonkhota de 8 cuerdas, el anzaldeño, el uñancha, el vallegrandino, la guitarrilla potosina y las medianas. Su cuerpo puede ser de calabaza, madera, cuero crudo, asta de buey, pecho de cóndor y otros materiales. Su afinación tiene una diversidad asombrosa de temples de acuerdo al número de cuerdas, al tamaño, a la región en que se toque y al ritmo que se interprete.

Tradicionalmente, el charango ha sido utilizado como instrumento de cortejo en manos masculinas. Más allá de ser un instrumento de acompañamiento, es usado como solista, punteando líneas melódicas o combinando acordes con melodías en el difícil arte del kalampeado.

Entre los violines de los Andes -lo cual deja fuera del análisis los numerosos ejemplos sudamericanos de las tierras bajas y la Amazonía- resaltan el chicheño y el tradicional andino, los cuáles tienen un papel destacado en la ejecución de wayñus, waylash y tonadas campesinas.

Los rabeles no sobrevivieron en el mundo andino: sus descendientes sólo son localizables en puntos aislados de Sudamérica, como la isla de Chiloé (Chile) o las aldeas Guaraní del noreste argentino. Por su parte, los instrumentos de plectro o púa se reprodujeron masivamente en los Andes, generando mandolinas, bandolines, bandolas y bandurrias, todas ellas con formas, materiales y afinaciones similares a las de sus antecesoras europeas. Dentro de la música del norte de Chile, Bolivia, Perú y Ecuador, el sonido de las púas siempre puede oírse en los ritmos más vivos.

La guitarra dio lugar a numerosas variantes en América, tales como el guitarrón chileno, el tiple, el bajo y otros cordófonos centroamericanos. En los Andes, otros ejemplos son la guitarra chicheña o la guitarrilla de los Urus y Chipayas, las cuáles proveen acompañamiento en las orquestas campesinas. Y en las zonas de selva también se dieron interesantes adaptaciones. El arpa -en su variante diatónica- adquirió diferentes formas, tamaños y afinaciones de acuerdo al país en el que se asentó. En los Andes, su presencia más fuerte se da en la Sierra Central de Perú (arpa huanca), si bien en Bolivia, Ecuador y sobre todo en la zona central de Chile también son parte de una arraigada tradición. Sus bajos a contratiempo y sus melodías son características de cuecas, wayñus cuzqueños y bailecitos. En los últimos tiempos se han sumado instrumentos eléctricos tales como el bajo o la guitarra.

En este trabajo se han aprovechado los timbres de:

– La guitarra. Instrumento europeo por excelencia, adoptado en todos los ámbitos regionales, pero que aún sigue sin incluirse en los contextos indígenas más tradicionales. Usada en rasgueo, arpegiado y punteo.

– El charango. Se han utilizado dos ejemplares lauckeados de tamaño, afinación y temple estándar, pero con cajas de resonancia distintas, lo cual los dota de una sonoridad diferente en cada tema: más brillante el de caja más chata, más profundo el de caja más ancha.

– La mandolina. Se ha empleado una mandolina boliviana, de fondo plano, provista de cuatro órdenes de cuerdas metálicas triples, afinadas como el violín europeo. Generalmente son interpretadas -usando la técnica de alzapúa- en solos o para acompañamiento melódico, improvisando líneas complementarias a la melodía.

– El bajo acústico. Instrumento de forma y tamaño similar a la guitarra, pero con cuerdas especiales que permiten su afinación en un tono más grave.

– El trompe. También llamado "arpa de boca" o "birimbao", el trompe es un instrumento común a todas las culturas sudamericanas. En Argentina, tanto los Mapuche de la Patagonia como los pueblos de la selva chaqueña y los de la puna y las montañas andinas lo emplean como instrumento solista, de ejecución íntima, que normalmente se utiliza durante las largas jornadas de pastoreo solitario o para interpretar canciones de amor. En éste último contexto, los pueblos del Chaco -que lo llaman, en su idioma, "lengua de pájaro"- creen que el instrumento desata las pasiones eróticas.


Para mayor información, consultar el artículo "Los cordófonos andinos: generalidades" y artículos similares en la revista de música y cultura andina "Tierra de vientos".


Mandolina boliviana. Foto del autor.