Tema 03

Vientos de tierra de vientos – Tema 03 - Akulliku

Akulliku
(Estudio para charango - Jach’a sikuri) - J.J. Laura - Arr. E. Civallero

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El charango es un instrumento complejo. Puede ser rasgueado rítmicamente, puede proporcionar armonías tan complejas como la de cualquier guitarra de jazz, puede ser punteado -para lo cual posee una técnica de combinación de dedos fascinante- y puede ser kalampeado, es decir, golpeado rítmicamente para dar armonías y sencillas melodías a la vez, con ritmos sincopados. El kalampeado caracteriza a algunas formas musicales del centro de Bolivia, como la tonada, pero no es usado en este tema, que se basa en punteo y simples rasgueos armónicos. El estudio que elegí es de Juan J. Laura, intérprete de cuerdas del grupo Rumillajta que, evidentemente -y para mi vergüenza- lo ha interpretado y grabado de forma magistral empleando dos o tres charangos tradicionales de cuerdas metálicas. Se lo bautizó usando la palabra quechua de la porción de hojas de coca que suele ser mascada o pijchada de una vez (akulliku o acullico).

El charango usado para este tema es un ejemplar lauckeado -es decir, tallado en una sola pieza de madera- que adquirí en la calle Linares de La Paz (Bolivia), famosa por sus luthiers y su "Mercado de los Brujos". Tiene cuerdas de nylon, es de tamaño estándar y su caja de resonancia es chata, como es la moda actualmente. Su sonoridad es impresionante, y la pista apenas si necesitó trabajo de estudio para lograr su sonido final.

Los charangos más tradicionales están construidos sobre una caja de resonancia hecha con el caparazón de un armadillo (kirkincho), tienen clavijero tradicional (clavijas de madera engarzadas directamente al clavijero) y suelen usar cuerdas de metal o de tripa. Hay varios tamaños y tipos y posee distintos temples o afinaciones, distintos golpes y muchos tipos de rasgueo. Como dije, es un instrumento complejo.

En las aldeas campesinas de los Andes aún se mantiene la tradición de llevar el charango al Sireno. Esta tradición afirma que en las cascadas, arroyos y lagunas mora un espíritu -el Sireno o Sereno, a veces identificado con las Sirenas europeas- que es el que guarda la magia de la música. Los intérpretes dejan su charango al borde del agua toda una noche, mientras se mantienen en vela en las cercanías, y a la mañana siguiente -y gracias a que el espíritu ha afinado el instrumento y lo ha dotado de "magia"- su sonido es brillante, conmovedor, embriagador, casi hechizante. Así como se hace con el charango, puede hacerse con cualquier otro instrumento. En Argentina, una tradición similar habla del "duende". En general, los músicos campesinos andinos no sólo van a afinar todo tipo de instrumentos al Sireno, sino que se acercan a esos lugares a "buscar melodías", pues creen que el espíritu susurra en ellos todo tipo de canciones. La leyenda es mucho más amplia y rica, e incluye muchas otras tradiciones accesorias, pero su relato daría para escribir un libro sobre ellas. No pretendo tal cosa, por cierto, pero no quería dejar de incluir, en estas líneas, tan bella tradición.

Como final del tema decidí agregar una adaptación de la melodía ejecutada como jach’a sikuri, un estilo que emplea jach’a sikus (a veces también llamados toyos o chunchos). Su nombre Aymara significa "sikus grandes", lo cual los define a la perfección. Los que poseo -también traídos desde Bolivia- son de caña tokhoro y miden más de metro y medio de alto, lo cual representa un verdadero esfuerzo a la hora de hacerlos sonar con todo su brillo y sus armónicos. En la grabación han sido interpretados "a mitades", es decir, la mitad del instrumento tocada como una sola zampoña, combinando sus toques con la otra mitad. El paneo de la melodía permite apreciar este modo de interpretación, en especial si se escucha con auriculares.

Los jach’a sikuris poseen, como estilo, un ritmo marcado por el bombo (en este caso un medio italaque) y, solo a veces, la guitarra. Así que me tomé una licencia estilística más para cerrar este estudio.

El nombre del tema no sólo refleja una tradición de larga data en los Andes, la de mascar la hoja de coca, sino también un problema serio. Pues la coca ha sido asociada, desde un tiempo a esta parte, con la droga que se extrae, de forma química y alterada, de su jugo. Nada hay más equívoco que vincular el consumo tradicional de coca andino con el de la cocaína. Tras mis viajes por los Andes, agradezco haberla mascado para librarme de los efectos del pernicioso suruqchi, el mal de las alturas. Desde este humilde rincón, vaya mi apoyo a los defensores del consumo tradicional de coca, incluyendo a todos aquellos músicos bolivianos que lo defienden con sus canciones.


Foto de voivuelvo, "Mi charango".