Sobre el título

Vientos de tierra de vientos - Sobre el título

Los vientos que caminan los senderos andinos son viajeros indómitos, invisibles susurradores de cuentos, ladrones de sueños y suspiros, arrieros de tormentas, secadores de lágrimas... Desnudan de hojas y flores a los bosquecillos, secan los ponchos húmedos, despeinan las trenzas azabaches de las mozas y hacen girar esas polleras que dan el ritmo a algún charango enamorado.

Los vientos galopan y tropiezan aquí y allá, y, en sus correrías, aprenden cosas para luego enseñarlas, musitando sus descubrimientos a los oídos de quienes se empeñan en escucharlos. Lloran los días de lluvia y añoran en las mañanas de niebla, rugen con los vendavales y bailan dentro de los remolinos polvorientos. A veces se rasgan con cuchillas de hielo y otras se asfixian en arenas bermejas. Son apasionados y nunca, jamás se detienen.

Los hombres de estas tierras de vientos nómades y narradores decidieron, cuando el tiempo nació, apropiarse del carácter de sus maestros de aire y, al mismo tiempo, copiar sus voces para contar sus propias historias, sus tristezas y alegrías. Para ello, crearon instrumentos que intentaron imitar las distintas voces del viento: las voces furiosas, con cuernos y caracolas; las traviesas, con hueso y cerámica; las alegres, con cañas y maderas; las tristes, con calabaza y metal. De piedra y de plumas, de cortezas y semillas, los instrumentos -agujereados aquí, atados allá- fueron copiando los decires de la brisa y los gritos de la tormenta, y narraron miles de historias a distintos ritmos, al son de las palmas primero, de los bombos después, de las cuerdas más tarde.

Los siglos cayeron a través de los relojes de arena, pero aún hoy, en esta tierra de vientos, los herederos de las memorias antiguas cuentan con flautas y trompas lo que el aire canta al viajar: la historia rebelde de los caporales, la fiesta enamorada de las cuecas, las despedidas de los wayñus, la espiritualidad de los k'antus, la añoranza de los sanjuanitos. A través de los vientos -los que sopla la tierra, los que soplan los hombres- la vida canta y cuenta.

Este trabajo pretende rescatar una ínfima parte de lo que dicen.


Foto del CD interactivo "Ingapirca: un lugar maravilloso", del Ministerio de turismo de Ecuador.