Homenaje íntimo

Vientos de tierra de vientos - Homenaje íntimo

Un guitarrista solitario al final de una fiesta, quizás borracho...

Mis hermanos Quechua de Otavalo tocando en una calle, en algún lugar de Europa...

Un quenista ciego pidiendo limosna en el portal de una iglesia, en alguna ciudad de los Andes...

De ellos aprendí la música. De ellos aprendí que no hay buenos ni malos instrumentos: sólo hay instrumentos que dicen su canción, que cuentan su historia, por más que los forcemos a decir otra. El que no sepa oír esa canción, el que no sepa aprovechar esa voz, aún no ha entendido lo que es la música. Probablemente conozca mucho de teorías y armonías, pero su corazón estará sordo. Y sus ojos, ciegos a una belleza irrepetible.

Para aquellos que me enseñaron que la música verdadera debe primero madurar dentro para poder luego salir fuera. Para aquellos que me mostraron que no es necesario ni suficiente haber pasado por un Conservatorio para tocar. Para aquellos que me permitieron sentir el latido mágico. Para los que mantienen viva la tradición a través de los siglos y por los siglos, sonando y resonando en sus cañas, sus cuerdas, sus bombos populares.

Para todos ellos, mis maestros, los músicos de mi pueblo, vayan en este álbum mi humilde agradecimiento y mi homenaje eterno.

Tukuy sunquywan, wauqiykuna. Qankunapaq.
Taqi chuymampi, jilaxanaka. Humanakartaki.
Con todo el corazón, hermanos míos. Para ustedes.


Foto de Iván Maigua, "Handmade painting of musicians".